01. noviembre 2007
La boda fue en casa de Gottfried Helnwein, un artista fascinado por el color de los comics a muy temprana edad, en la Alemania en crisis de la que asevera se obtenían solamente rostros que deseaban pasar desapercibidos por las calles.
Así imagino mi casa, entre Vermeer y Helnwein, sin cosas ni obstáculos en el suelo, ni cuadros, solamente ventanas. A Borroughs le gustaba su arte, decía que retrataba una realidad que todo mundo conoce pero no sabe que sabe. Todo mundo sabe algo, sabe demasiadas cosas, se preocupa demasiado por la incertidumbre de los que gritan más y prefieren ser escuchados con megáfonos. La vida simple de paredes vacías es la vida simple de la mente a la espera de que lo horrible tenga una tangente para largarse.
Es que me gusta mucho, no sé.
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