Aún así la polémica por los “Diarios Testimoniales”, es una mera anécdota dentro de una atmósfera que se limita a un progresismo vacío, sumergido en la indefensión de los fundamentos que lo confronten fuera de los lindes del Horror o el Trauma , la inobservancia del propio rostro, la contravención del ejercicio especular de todo ser humano… su faz más oscura. Son así, pocos los que han escarbado entre los cadáveres del antiguo régimen nazi, entre la opacidad de las ruinas y la humillación para extender un puente de entendimiento hacia el presente y el futuro. Entre esta pléyade incómoda y beligerante, nace en plena restauración el 8 de octubre de 1948, Viena, Gottfried Helnwein, quizás, uno de los artistas más polémicos y desconcertantes de su generación . A pesar de ser alumno destacado de la Universidad de Artes Plásticas en Viena, recibiendo premios como el Master Class ( Meisterschulpreis ) o el Kardinal-Konig (1972), sus inicios como estudiante fueron reaccionarios y de completa rebeldía. Los hechos más notorios de aquella época fueron el incendio de la academia de arte (provocando severos daños), en donde fue arrestado por la policía junto a otros dos de sus compañeros, y sus no menos llamativas performance y body art , en los cuales desde violencia, cortadas y derramamiento de sangre hubo. Estas manifestaciones expresivas, marcan los pasos iniciales de una actitud de compromiso político y social que maduraría considerablemente en el discurso estético posterior. Alejado del efectismo facilista y los ghettos del arte, Helnwein proclama en voz alta una inmersión en las necesidades humanas, en su reflexión y su reconocimiento a través del dolor y el sufrimiento. Como Egon Schiele (una de sus influencias), Helnwein posa una gran atención sobre la figura humana, pero mientras el primero la capta en un estado de tensión e histrionismo inusitado, el segundo somete a un desbordamiento expresivo a través de una pasividad estremecedora, como una violencia en sordina. La utilización de niños como modelos para este propósito es significativa como articulación de su propuesta, denuncia y desmitificación de los órdenes dictados por el establishment . No sin remecimiento, es posible apreciar que los niños de Helnwein carecen de las condiciones propias de su edad; parecen dispuestos en un arrasamiento, completamente despojados de su inocencia, con las miradas siempre pérdidas y serias, a la vez que suplicantes sin propósito, desgarradoramente resignados a los errores de la historia. Estas figuras de la niñez y sus modelos fotográficos, están constantemente sometidos a una violencia de la cual sólo se conocen sus trágicos resultados. Niños heridos, ensangrentados y poderosamente anhelantes de un sueño profundo.